jueves, 27 de agosto de 2009

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sueños II/V

Todo ocurrió en los sueños. Incluso el recuerdo, que evoca algo ocurrido en el pasado, al evocarlo se renueva y es otro. Y puede relatarse de tantas maneras como veces se recuerde.

Sueño del sueño

Conocerse fue recorrer caminos de estrellas, en pos de explosiones de luz. Ligeros, sintieron el vértigo del infinito que les toca soñar juntos, diminuto y enorme. Transitaron al turquesa y, de la mano, pasearon por jardines de rizomas y hojas verdeazules. Los deslumbró el resplandor de amaneceres simultáneos, envueltos en el aroma de estelas, de un manto de algodón y vapor. Al fondo, el cielo rojo. Después durmieron durante años. Y soñaron.

§

No distinguimos quienes somos, o si ya no somos, pero sí sabemos uno del otro, por el otro. Mi mano roza tu antebrazo y recorre tu espalda, y reconozco mi piel en tu tacto, mi tacto en tu estremecimiento y lo sé, somos tú y yo que soñamos al mismo tiempo, aun sin saberlo. Flotamos en el mismo sueño, sin las distancias que sólo en la Tierra existen. Nos encontramos en esta dimensión humana alejada de todo rastro, humano, y de la tierra de la Tierra. Nos agitamos en el agua como peces de colores y de rayas, y caballitos de mar que se desplazan tan veloces que parecieran estar quietos. A la playa nos llevan las crestas de las olas.

En la noche sólo algunos perros ladran y nosotros reímos de esa esencia de luz en las pestañas. La sonrisa se convierte en horizonte, un abrazo de fosforescencia y espuma. En la brisa marina somos destellos y perseguimos bosques lejanos y recónditos, donde todo huele a verde y a sombras oscuras, y al musgo de los árboles, al terciopelo de un último beso que nunca termina y se repite y siempre es el último.

§

Seguimos el camino de los ríos, vemos a la diosa que espera, inmóvil, y cuando llega la luna, nos sigue con su arco. Tú encuentras la guarida de humo y fragancias. Embriagados de todo y de tanto, nos mecen los pasos de una desbandada de búfalos o quizá sea el vaivén de los pasos de un gigante que ríe con nuestro gozo repetido. Eufórico da un salto enorme. Tú y yo nos perdemos de vista, y sólo nos reencontramos en un sueño. En un sueño que es nuestro, aunque sólo yo lo sueñe. Y no termina.


lunes, 24 de agosto de 2009

Océano I/V

I

En azul venía su recuerdo. En azul también evocaba sus palabras, y una presencia que se desmoronaba en pixeles cada vez que intentaba acercarse, dejando sólo esa nueva palabra para jugar, para escribirla así, sin acento, con la x rigiendo su estructura.

Tres fotos apenas, parecían desaparecer si quería besarlas, se reconstituían a la distancia. Incoloros sus pixeles, escurridizos como la arena. Así se deshacía su imagen y su letra.

Era el recuerdo lo que venía (y viene siempre) en azules. Por supuesto que tal color parecía cargado de ideas ajenas al color mismo, y a veces la hacía preguntarse y la remitía –no sin enojo– a la infancia, a cuentos, a mitologías y a mercados, y hasta a malas canciones italianas. Pero ella prefería el sentimiento solitario, desprovisto de significado, sólo el reflejo de la luz, una textura. Y eso la llevaba a algo más difuso, más extenso, que podía sentir en las yemas de los dedos y en un calor que encendía muchas velas y luces en su cuerpo.

Esa noche, ésta (y tantas otras), escuchó la lluvia y pensó en el mar. Más infinita aún la epifanía. Pudo ver un océano azul marino que lleva las letras de su nombre inscritas en las olas. Sólo las ve, pensó, quien mira fijamente el horizonte, que lleva su principio por derecho propio.

Entonces te convertiste en un océano. Azul marino.


§


sábado, 22 de agosto de 2009

Ni siquiera


Ni siquiera podía hilar dos ideas, sólo tenía clara la noción de no poder hacerlo. La tranquilidad llegó acompañada de una tristeza sorda. Tampoco podía ver el resplandor verde del Tepozteco, que le hicieron notar los otros para que alejara su vista de las piedras del piso, ni de esa luz que resplandece bajo las nubes negras, que también le señalaron.

Todo a su alrededor le pareció un poco encerrado (salvo por el aire limpio en sus pulmones), como el telón de fondo de una escena vacía. Calor sin alegría. Extrañar lo difuso. Extrañar, sólamente, sin ponerle nombre para no arruinarlo.

Sólo la música del acordeón en la tarde, tocando un tango, la hizo sonreír, nostálgica. Aquí abajo, un pedacito.





jueves, 20 de agosto de 2009

un poema de amor


de Darío Jaramillo, poeta colombiano nacido en 1947. Un descubrimiento.


I
Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en ese cuerpo/
ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,/
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio,/
esa sombra de piedra que ha crecido en mí adentro y en mí afuera,/
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,/
el dueño de mi embrollo, el pesimista y melancólico/
y el inmotivadamente alegre,/
ese otro,
también te ama.

en Poemas de Amor


miércoles, 12 de agosto de 2009

Mosquitos



Un día, Ximena me preguntó: "¿Para qué sirven los mosquitos?". Ella tenía 9 años y varios piquetes que le daban muchísima comezón.



Y sin datos precisos, mi respuesta giró en torno a la necesidad de la existencia de todos los seres vivos para el equilibrio y sobrevivencia del planeta. (Mientras pensaba... a pesar de su molestísimo zumbido en este caso o de los efectos aún peores del veneno que inyectan: comezón, roncha, alergias, horribles enfermedades en algunos casos... además de la desesperación de escuchar un zumbido a la media noche o incluso de día, que nos ronda con la promesa de un piquete, o muchos).


Su pregunta me encantó. Y después he vuelto a oírla. (Además de la corrección en el uso de la palabra mosquito, que no es mosco de ninguna manera, ni su femenino se concluye con una a, pues no hay que confundir al mosquito, que no es diminutivo, con la mosca).


Por supuesto, mi respuesta no fue satisfactoria ni convincente, pero casualmente, años después encontré una breve información sobre el tema, mientras navegaba en internet en la página del parque nacional de los Everglades. Y lo que más me gustó es que los humanos estamos por supuesto incluidos en la misma cadena de la vida que ellos y otros animales.


Con el título/pregunta "Who needs mosquitoes?" y la respuesta "The Everglades do!", nos enteramos de que son parte de la cadena alimenticia. Peces, ranas, lagartijas, lagartos bebé (y otros anfibios), aves, libélulas y muchos animalitos comen mosquitos. Y los que sobreviven se dedican a polinizar y reproducirse, durante el mes que dura su vida ¡un mes! Y a todo esto, nosotros, con nuestra sangre, al igual que otros seres vivos, nos convertimos en donadores para la extremadamente necesaria actividad de participar en que los mosquitos hembras pongan huevos.


No estoy segura de que la respuesta satisfaga a quienes odian a los mosquitos, que vuelan gráciles con ese diseño que parece arcaico y futurista a la vez. Y tampoco creo que muchos voluntariamente queramos donar sangre para ese propósito... mucho menos a los mosquitos urbanos, cuyas funciones no parecen tan claras.




lunes, 10 de agosto de 2009

Música


Hay días en que mi mente divaga por sonidos, música y canciones, extrañas o viejas o, por alguna razón que no comprendo --aunque tampoco indago demasiado, qué más da--, pienso en vidas de músicos. Y lo más disímil puede confluir en un estado de ánimo igualmente disímil. Pienso en Glenn Gould y la vida que dedicó al piano y a pensar en sus interpretaciones que para él eran creación, y lo eran --y a eso se dedicó cada día de su vida más allá de la pasión, ya en la locura--, un gran obsequio para nosotros, oyentes de su voz y de sus veloces y precisas manos. Y escucho a Daniel Baremboim, quien sin morirse muy pronto ni imponer un estado así de intenso, pero con una perfección, calma, dulzura y también firmeza, o para decirlo de otro modo, con una intención que sólo puede expresarse como resultado de una gran pasión que se siente también en cada nota, y esa muy particular interpretación, propia y reconocible, de la misma música por la que Gould puede correr como un caballo desbocado en medio de un bosque, bajo la lluvia. Y ante dos genios de ese calibre, lo único distinto (para mí) es mi estado de ánimo que me dispone a escuchar a uno o a otro. Y esas dudas sobre los caminos a seguir que cada tanto vuelven, a veces demasiado seguido, como preguntarse si dormir o no dormir, porque ambas implican vivir más o menos y queda poco tiempo, siempre menos y tanto por hacer, pero también tanto por soñar.

Y mientras soy todo oídos, espero lo inesperable, y pienso entonces en canciones que a cual más ridículas y deliciosas. Me divierto. Recuerdo que llovía, llovía y después, casi como por asalto, Niña Pastori y Falete se hablan despacito como yo quisiera hablar(te), pero sólo encuentro un sueño y también la oportunidad de pensar en todo ello. Y al navegar entre música y recuerdos al ritmo habitual, lento, el que imponen las medidas del tiempo o el tiempo mismo, construyo la espera cada día.




viernes, 7 de agosto de 2009

Jethro Tull





Me encanta Jethro Tull, su música y la
mirada y la imagen de Ian Anderson,
su diversión en el escenario,
y su manera loca de tocar la flauta o
la letra de sus canciones.

Y me recuerda a mi queridísimo Juan
Martínez Sisniega. Solía cantarla
acompañado de su guitarra, esa y
otras rolas, durante horas,
igual de divertido. Con esos prólogos
musicales largos y luego, toda
la letra se la sabía de memoria.
Estábamos en Londres.
Corría el año de 1989.

Y en 1990 se detuvo, su vida.

En ese tiempo no había aún internet,
ni correo electrónico, ni el mundo
corría tan veloz aún.

Pero ese lugar que él ocupa
en el corazón de muchos
está ahí, por derecho propio.

Por siempre.



Goblins


Click to visit A Gross of Goblins!



Gracias a Alberto Chimal conocí esta página de duendes que me gustó mucho. Alguno estará siguiéndome, como ahora, éste.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Independent stone

Emily Dickinson


XXXIII

How happy is the little stone
That rambles in the road alone,
And does n't care about careers,
And exigencies never fears;
Whose coat of elemental brown
A passing universe put on;
And independent as the sun,
Associates or glows alone,
Fulfilling absolute decree
In casual simplicity.


domingo, 2 de agosto de 2009

Ítaca


Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca,
ruega que tu camino sea largo
y rico en aventuras y descubrimientos.
No temas a lestrigones, a cíclopes o al fiero Poseidón;
no lo encontrarás en tu camino
si mantienes en alto tu ideal,
si tu cuerpo y alma se conservan puros.
Nunca verás los lestrigones, los cíclopes o a Poseidón,
si de ti no provienen,
si tu alma no los imagina.

Ruega que tu camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
cuando con placer llegues a puertos
que descubras por primera vez.
Ancla en mercados fenicios y compra cosas bellas:
madreperla, coral, ámbar, ébano
y voluptuosos perfumes de todas clases.
Compra todos los aromas sensuales que puedas;
ve a las ciudades egipcias y aprende de los sabios.

Siempre ten a Ítaca en tu mente;
llegar allí es tu meta, pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure mucho,
mejor anclar cuando estés viejo.
Pleno con la experiencia del viaje,
no esperes la riqueza de Ítaca.
Ítaca te ha dado un bello viaje.
Sin ella nunca lo hubieras comprendido;
pero no tiene más que ofrecerte,
y si la encuentras pobre, no fue Ítaca quien te defraudó.

Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia,
habrás comprendido lo que las ítacas significan.

1911
Constantino Cavafis
Traducción del griego de Cayetano Cantú

sábado, 1 de agosto de 2009

Hoy conocí a Miguel Ángel Granados Chapa. Iba con su mujer. Sonreía y se le veía muy bien. Me sentí afortunada y contenta de compartir unas horas, y escucharlo y verlo ahí, sentado, tranquilo, pausado, humano, después de tanto tiempo de haber escuchado su programa de radio, muchos días, de 8:30 a 9:30 en Radio UNAM (y de leer su columnas). No sólo por el periodismo, crítico, lento y de vieja escuela, análisis que él practica desde hace tanto, desde siempre. También por su español cuidado y cuidadoso, por sus entrevistas y por la música que en sus pausas presenta. Por él escuché ese disco de Bebo y Cigala por primera vez, antes de que llegara a México, y esa canción que a él parece obsesionarlo (y a mí también). Por él he escuchado tantas veces a la Filarmónica de la UNAM. Y mucho mucho más. Hoy, por la mañana, apenas, Betsy Pecanins.

También me di cuenta de lo empolvada que he estado estos últimos meses, ¿años?. Qué bien volver al mundo y qué bien encontrar gente conocida, amigos antiguos. Gracias a Alberto y a Cristina por la invitación.

Veinte años: