lunes, 28 de septiembre de 2009

de este blog


Mi único temor (no, miento, uno de tantos) es perder la voz por el compromiso. Sujetarla a la lectura de los otros. Y como cualquier otra escritura, o casi, sólo está dedicada a uno mismo, a fantasías las más privadas, a seres por completo imaginarios, sin nombre ni apellido, a personajes creados y quizá, nunca explícitos.

Al final, no rebaso ese margen. Es decir, al final la comprometo.

El número de textos guardados en archivos casi olvidados empieza a ser mayor de lo que brilla en las pantallas. Ése es quizá el indicio de que en vez de seguir por el camino elegido hace ya casi dos años (entonces poco definido y siempre cambiante), y con ese Carpe Diem que me ha tomado por asalto (el principio asociado a quien lo dijo, con nombre y apellido, hace mucho menos -y mucho más que todo al mismo tiempo, como un sobreviviente de otra época, de otro mundo casi extinto- pero tan intenso, por razones inexplicables, incomprensibles y eso no importa), decía yo en esta frase mal escrita y demasiado larga, es un indicio de algún peligro.

Así que en la historia planeada desde antes de que empezara (y yo pensara) incluso el mes de agosto, se ha detenido. Y tan sólo me pregunto, cada noche y en el día, ¿y si mejor evito este aparador y me dedico a otra cosa, sin comprometer nada que me importe? Sin releer y querer borrarlo todo de tan personal. De tan oscuro al mismo tiempo. Sería mejor lo impersonal y con de humor, que suele huir de mis letras, salvo cuando es involuntario.

Al final, todo parece indicar que va a ganar lo generacional. Y yo, prefiero seguir siendo de otra época. Y mientras lo decido, un post más y sigue inconclusa la historia.







domingo, 20 de septiembre de 2009

mayo

El viernes, o sería ya el sábado, me preguntaron por mayo y el amor.
Mayo, como junio y quizá julio, y probablemente abril. ¿El amor? Sólo en mi fantasía ha sobrevivido alguna idea de amor.

Como ahora, como en mayo, como desde hace varios meses en que el amor, como el futuro, no es como antes (me encanta esa frase incomprensible y muy lógica). Me releo y me asusto de tantas letras escritas, cosas dichas, palabras dedicadas a esa fantasía, compuesta de un recuerdo muy lejano, de nostalgia, tan real como irreal. Quizá bajo el embrujo de alguna pócima vertida durante el sueño.

Y ayer, la mejor manera de pensar en el amor, más aún, de reír con el amor, fue en el teatro, con la puesta en escena de Juliana Faesler de Sueño de una noche de verano.

Los personajes del bosque y sus embrujos, y todas las situaciones posibles, amor, desamor, deseo, confusión, sobre todo confusión, que de tanto aparecer era mucho más real que lo esperado.

Mientras en este hemisferio principia el otoño, ¿será que las hadas comenzarán a reunir provisiones para el invierno y desaparecerán dejando en manos de humanos solemnes y aburridos el amor? ¿Será que el frío guardará entre sus pliegues cualquier sentimiento fértil o por lo menos divertido? ¿Será que es siempre mejor un sueño? Y qué bueno que lo sea, mientras sea un sueño alegre.

Porque si en diciembre de 2008, un día triste, Helena hablaba con cierta sabiduría (y solemnidad) del amor, este septiembre habla Teseo, más como un personaje del bosque que como un hombre enamorado:

Lovers and madmen have such seething brains,
Such shaping fantasies, that apprehend
More than cool reason ever comprehends.
The lunatic, the lover, and the poet
Are of imagination all compact.
One sees more devils than vast hells can hold:
That is the madman. The lover, all as frantic,
Sees Helen's beauty in a brow of Egypt.
The poet's eye, in a fine frenzy rolling,
Doth glance from heaven to earth, from earth
to heaven;
And as imagination bodies forth
The forms of things unknown, the poet's pen
Turns them to shapes, and gives to airy nothing
A local habitation and a name...

William Shakespeare, Sueño de una noche de verano.







lunes, 14 de septiembre de 2009

Siempre




- y todavía- queda el mar.





miércoles, 9 de septiembre de 2009

jueves, 3 de septiembre de 2009

Se confunde


Todo se confunde. Las cartas, las lluvias, los gustos. Los días, las noches. También las sensaciones, fácilmente disfrazadas de intenciones, sobre todo ésas, que se pasean por lugares recónditos y por las superficies. Hay reflejos que son ecos de voces, de letras, de recuerdos tan antiguos como la juventud y tan actuales como esos años en los que, dicen algunos, para qué negar lo innegable, sufrir lo insufrible, arriesgar o no. Como si fueran los últimos años de vida, sin serlo. O a lo mejor ya fueron y esto es sólo la resaca que se lleva las últimas conchas, las sumerge, las llena de arena en un instante que dura varios años. Qué más da, de todos modos no hemos aprendido a vivir.

Ya lo fueron quizá y todo quedó tan conforme, o tan inconforme, sobre todo el recuerdo que regresa así, buscando. Y pide. Quizá sea la década que empieza, dicen otros, sienten (igual que yo). Todo puede ser tan aburrido y no serlo, y uno puede dedicarse a romperlo todo en obediencia al deseo, palabra tan rimbombante de tan usada por quienes dicen ser profesionales de sus orígenes y avatares. Tan de peso pesado. Tanto menos como que es de lo poco que queda ahí, flotando. O no decir nunca nada y seguir así, hastiados del hastío. Aburridos. Sin extremos. Algunos hemos salido como impulsados por una catapulta. Sin haberlo pensado porque el libreto hablaba de constancias, de mentiras también. Y estamos ahí, en medio, sintiendo lo mismo, pero sin ataduras, salvo las mismas que vuelven, sigilosas, y tienden sus primeras cuerdas casi invisibles, sus primeros hilos perfectamente simétricos para volver a eso mismo de lo que salimos, tantas veces. Siempre sobre premisas falsas y no por ello menos sentidas, contra el caos que siempre es peor (por imponente y poderoso) que cualquier otro yugo.

Oraciones muy largas dice el ministerio público que ha tomado el rostro de un hombre con anteojos y pelo sostenido con pegamento especializado en fibras orgánicas, con ese acento que viene del norte, inconfundible. Y claro, la literatura no aparece por ningún lado, si su metamorfosis se confunde con la extinción, o quizá sea todo al revés.

Mientras yo recibo esas notificaciones de la llegada de lo que ya nunca llega, y asustada busco de inmediato un camino de salida, tan inmediato como efímero, como insólito, como impredecible, tan impredecible como los sentimientos que pueden remontar distancias antes insalvables, obstáculos inhumanos, o que pueden quedarse tan inmóviles como se quedó la historia. Congelados. Agazapados porque las paredes de síes, noes, esperas, expectativas, terminan por cerrarle el paso al más ligero de los sentidos, que es más fuerte y poco reconocido, y se convierten en la imposibilidad del aprendizaje. Al final, repetiremos siempre los mismos errores. Y qué más da.

Al fin que todo puede o suele resumirse en llevar tan mal los monólogos. Sobre todo ésos, los que no se mienten con lisonjas porque no reciben a cambio más que silencio.


martes, 1 de septiembre de 2009

Día del blog

Blog Day 2009


fue ayer, pero celebremos.