jueves, 29 de diciembre de 2011

Mar

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domingo, 25 de diciembre de 2011

ciclos



Se termina 2012. Una convención que nos indica, si acaso, una pausa para pensar, para desear, para reforzar y quizá también para cejar en aquello que no se logra, que duele y sigue doliendo. Es sí, una convención, porque el tiempo es continuo. Apenas intentamos medirlo un poquitín, regularlo, contarlo si acaso. Apenas pretendemos normar nuestras vidas que ineludiblemente se dirigen al mismo fin de ciclo, siempre propio. Y con esas premisas, cada año se valen algunos replanteamientos y deseos. Valgan en este 2012 y que sea un año feliz y florido, floreciente. 











sábado, 17 de diciembre de 2011

gatos




Sí, lo que más quisiera, apenas algunas imágenes logran captar un atisbo. Un gato, muchos y ninguno. Una planta. Un rellano. Y lo que hay al subir las escaleras, al bajarlas. Mucho, y nada. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

placer y malestar



Alimentar este blog ha sido un placer (dispar como lo refleja el número variado de las entradas) y espero que lo siga siendo. Tan libre como esa libertad que nos permitimos, alejada ciertamente del ideal al que tanto tememos los humanos. No en vano Michel Onfray ha buscado su espacio libertario y libertino, donde expone su diatriba contra el matrimonio. Más que una diatriba, una genealogía sustentada para expresar todo eso que le infunde el contrato entre dos seres que dicen amarse y, por lo mismo, deciden someter ese amor a la regulación del Estado. Como si fuera éste un ente prestigioso o como si ello garantizara algo más allá de la aburrida vida cotidiana, de sus acompañantes irremediables (que cita Onfray en su texto, incluido, desde luego el adulterio pero también la violencia), de esa mañosa y compleja relación de exigencias, pretextos y reclamos que se denomina pareja amorosa. Y peor aún, que cuenta con toda la legitimidad del Estado, de la sociedad, de las religiones, de la gente, de la época. Una legitimidad que se aprende a lo largo de toda la vida y por la cual sufrimos irremediablemente.


Claro que para que Onfray existiera, algo tenía que estar ocurriendo, sin pretender establecer un determinismo de ningún tipo, más bien notar que su pensamiento encuentra referentes en la realidad, y son incuestionables. Las estadísticas mienten, por insuficientes. O porque lo que reflejan no tiene nombre, a pesar de mostrar tendencias claras. En este caso, un malestar que parece inevitable. El malestar en la pareja.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La FIL 2011



La FIL de Guadalajara 2011 tuvo para mí varias gratas sorpresas. La primera, haber ido ahí por primera vez por motivos de trabajo. Había organizado stands a la distancia, había ido a dar una vuelta en una ocasión, pero ir enviada por una editorial fue placentero. 


Contenta emprendí la ronda de los pasillos. Abrí los libros como quien abre un objeto que interesa no sólo por su contenido, sino por su manufactura, mucho más que antes. 


Encontré esas publicaciones que desde lejos se ven de otra calidad, por su impresión, por su diseño, por su presencia en el anaquel. Después, me encontré a gente querida, de años y de tiempos recientes. Andrea, que orgullosa presentaría su nuevo libro sobre el Piporro; Gloria, conocida de tantos años que mejor ni digo; María Calderón, que me confirmó mis sospechas de lo bueno, además de hacerme notar otras que no había visto y de ponerles nombre y apellido a esas editoriales. Por supuesto que ver a mis queridísimos amigos tapatíos siempre me da gusto, mucho. Y también me hubiera gustado ver a otros queridos amigos que no pude llamar entre el ajetreo y las prisas. 

Después, estuvieron también las conferencias. A lo que iba, de hecho. El libro digital y esa carrera loca y desbocada por un mercado que se regula en el camino, que despierta dudas y fervores, abre horizontes y cierra otros, como toda nueva tendencia. Un misterio, un camino andado, miles de preguntas y espacios para entrar y para salir por la puerta grande. 


En medio de todo, personajes. Sicilia caminando por ahí, lo vi desde el aeropuerto, casualmente, con esa simpatía que lo caracteriza. BEF, Ortuño, y tantos otros que seguramente no vi por desconocerlos; otros con cara de autor, aunque probablemente no lo sean; libreros, editores, prensa, relaciones públicas y de todo por ahí. Incluidos los escritores del "star system": larguísimas filas para que algunos dedicaran mecánicamente, con frases hechas y practicadas cientos de veces, ejemplares impresos. Ahí estaba Almudena Grandes, Herta Müller, Jodorowsky, que goza de una especie de tercer, quizá cuarto aire (aun lo recuerdo de la mano de Diana Mariscal cuando yo era niña...) y varios más. Y por supuesto, también había ausencias dolientes... como Daniel Sada.


Placenterísimo también fue encontrar algunos libros: Sobreperdonar, de mi querido Armando González Torres; el de Carla Faesler, Catábasis exvoto; El paraíso de las moscas, de Mariana Osorio.... y más. 


Lo que para mí le dio consistencia a mi disfrute fue sin duda la conferencia de André Schiffrin. Su discurso desde el inicio levantó admiración y produjo silencio en la sala. Entre pasillos de grandes editoriales que han comprado y puesto sello propio a tantas otras pequeñas editoriales, y que apilan en sus entradas volúmenes y volúmenes del último, de los últimos best sellers locales y mundiales, su voz resultaba refrescante. El discurso en realidad no es nuevo, pero para mí sí fue nuevo oír y enterarme de que también en este mundo se cuecen habas, se alimentan monopolios, se establecen hábitos y se producen páginas que más tienen que ver con el mercado que con la cultura. O quizá, para decirlo mejor, tienen todo que ver con la cultura que hoy nos rige. Triste su conclusión: ¿es el mercado el que regirá ahora la vida intelectual del mundo? y yo agregaría ¿Es el ciudadano global un lector de Coehlo? Qué ganas de huir de un mundo así. Pero mejor que huir, qué ganas de construirse un mundo distinto, propio, donde podamos elegir de entre tanto: libros, alimentos, vestido, música, cine, políticos, personas... Y una respuesta aparece, por lo menos en cuanto a lecturas y, por supuesto, ideas, se refiere: Michel Onfray, con su Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar, una refutación filosófica de la monogomia, entre otras cosas. ¿Habrá llegado el tiempo de reconstruir? 


En medio de algunas reflexiones, me pregunté también si no parte de lo que ocurría es que estamos en un tiempo de aprender y entender cabalmente el alcance de las nuevas tecnologías. En efecto, los ciudadanos de la Revolución tecnológica tratamos de no perder el paso de los avances y adelantos, de aprender a usarlos y tratar de sacarles provecho, y de comprender su alcance. Eso, sin duda, obstaculiza otras actividades, no a todos, pero sí a muchos. Serán otros quienes vean, lean, escuchen y produzcan los nuevos frutos de la cultura del mundo tecnologizado. Ellos aprenderán a escribir sobre las teclas, a pensar en la pantalla y en tercera, cuarta, quinta dimensión. Ellos se referirán a nosotros como quienes cabalgamos entre un mundo y otro. Sólo espero que no lean a ese Coehlo, porque de nada serviría. 


André Schiffrin durante su intervención en la FIL Guadalajara 2011.




viernes, 25 de noviembre de 2011

Abierto



Ella sabe que él tiene encuentros con otras mujeres. Y sufre. Busca la manera de enterarse de ello, con cierto morbo que en este caso puede definirse como una mezcla de curiosidad enfermiza, necesidad, manía incontrolable, búsqueda que no se sacia nunca. Y encuentra, siempre, pruebas, objetos, palabras, imágenes. Y se enferma y hace escenas. Pero no pasa a mayores. No se explica por qué ese sentimiento de inconformidad y desasosiego cuando ella misma ha tenido una vida diversa, más aún, incluso extrema. Su reacción es (casi) física.


La lectura del relato autobiográfico de Catherine Millet, Celos (editado en español por Anagrama), Jour de souffrance en francés, idioma original, es más que inquietante. Es una confesión, descriptiva, no reflexiva. Es un relato honesto. La autora expone una situación subjetiva y real, y la concluye sin grandes conclusiones. Por cansancio quizá, de lo mismo que describe. Casi como el realismo sucio, pero sin su efecto romántico y misterioso. Una lectura que abre y deja abierto un tema. Mucho más que un tema ¿un síntoma?








viernes, 18 de noviembre de 2011

Belleza






Algunos bordes comienzan a marchitarse, aunque sea un botón lo que miramos, tan recién nacido y ya es viejo. Como las almas que dicen reencontrarse, provenientes de otras épocas, algo de lo que se sabe por el brillo de los ojos y por el efecto inconfundible de una mano que roza la espalda. Un año puede ser tan poco, o tanto si se suma a esa antigüedad ignota, o si no esperas más que un diario transcurrir. Suficiente para saber que el amor encuentra sus formas, caprichosas, informes a veces.


Volvió a visitar los pasillos con sus piedras negras, y vio a los gatos que se escabullen entre el verde o que plácidos descansan al sol; escuchó el sonido del agua que cae tumultuosa mientras ascienden las pisadas, como quien llega a una cascada, al jardín interior, a las imágenes y apariciones que piden miradas para existir. 


Y al mismo tiempo se desborda la vida, sus horrores, sus amores, los dolores de otros y lo que se fue depositando en esos enormes sacos tan repletos de todo eso que llevamos siempre, inevitablemente, con o sin sonrisas, a cuestas, por los caminos. 



La belleza encuentra su propia muerte en objetos y seres, pero no deja de ser bella. 





sábado, 12 de noviembre de 2011

Se parece



Siempre es rico compartir amaneceres. Volver a lugares visitados tantas veces. Muros rojos, tenangos coloridos, imágenes que se habían fijado en recónditos lugares de la memoria y se recuperan con sus colores y sus formas.


Muy adentro de las capas de tiempo, de vidas, de dolores y desencuentros, y luego de las otras capas, de encuentros y sonrisas, y todo eso que une, como el tacto sutil con que me miras y, a pesar de tantas rondas por la vida y sus espacios, hay una semilla dura, como una piedra brillante. Sigue ahí, sin desvanecerse. Indiferente a la cercanía o a la distancia, inmune a los intentos por disolverla, propios, ajenos. Incluso ajena a la presencia o a la ausencia. Se parece tanto, dirían ahora. Y sí. Se parece. Al amor.

lunes, 31 de octubre de 2011

Ron Mueck: la escala perfecta

Una pareja yace en la cama. Están acurrucados, sus cuerpos embonan. Parecen cómodos, incluso, acostumbrados. En su gesto, sin embargo, hay frialdad, o quizá otra cosa que define el espectador con su mirada subjetiva. Ambos tienen los ojos abiertos. Los de ella se ven de inmediato. Parece perdida en el infinito de sus pensamientos. ¿Por qué no duerme? ¿Y él? ¿Esperan algo, acaso? Casi cualquier cosa es posible. Entonces hay que dar la vuelta y buscar el ángulo no tan directo, alzarse de puntitas, para ver que él también tiene los ojos abiertos. Acurrucados los dos, con los ojos abiertos. Conmueve. Parece un presagio. Es casi doloroso verlos. [El público masivo del Antiguo Colegio de San Ildefonso se detiene en silencio y los ve, también con cierto azoro. Nadie dice nada. Algunos toman fotos.]

En la obra de Ron Mueck si el sentido de realidad está dado por los detalles representados, lo hiperreal lo define, justamente, aquello que es irreal: la escala de sus esculturas. Algunas son minúsculas, otras gigantes. La realidad está en los ínfimos detalles de la piel, en el pelo, en esas miradas y en sus posiciones frágiles que nos remiten a la condición humana. Pero más real que lo real es el tamaño. O, digámoslo así, la subjetividad del tamaño. Justo el que nos permite ver la escultura en toda su dimensión humana, escudriñarla, acercarnos a ella sin miedo, sin timidez y sin risa. Es ésa la perspectiva, la escala perfecta.




sábado, 29 de octubre de 2011

Tamal de Chipil



Qué alivio darse cuenta de que los momentos más oscuros son pasajeros y tan sólo matizan un mundo lleno de luz, alegría, sonrisas, sensualidad y belleza y más. Parecía que el ánimo permanecería en los bajos tonos, cuando una llamada cambió el giro de la noche, de los días, de la temporada. Gracias a las amigas. Gracias a los Tamales de Chipil, un grupo de música bello y alegre. Qué buena manera de terminar el viernes.


www.tamales.it/ita/tamales

lunes, 24 de octubre de 2011

Todo fuera como...





...una madrugada en el mercado de flores. O como algunas otras cosas así, sencillas. Una tarde en la cineteca, un café en el sol de la mañana, un paseíto en la plaza, un agua de limón con chía, un abrazo. Como sentir calientito el corazón.


domingo, 16 de octubre de 2011

Sin límites





Hay días que todo duele. El aire frío, el cielo tan azul, el sol de invierno con su luz milagro, el recuerdo de las horas compartidas unas horas ha. La conocida ausencia, el viaje, el viaje del viaje, todo eso. El mensaje siempre doble, como la escalera y su sentido, sin sentido. Las conversaciones, las historias de vida, tan a fondo. Los recuerdos de la infancia, las aventuras, las miradas, las risas. Todo duele porque pareciera significar tan poco. Valer tan poco. Porque los límites desaparecen, o son tan difusos que se vuelven imperceptibles. O porque la ceguera es tan intensa (la propia), tanto como el sentimiento y el deseo. En la misma proporción. 


El dolor se extiende desde la garganta, se ensancha en el pecho y luego toma cauces definidos; se manifiesta en punzadas, diáfanas y ardientes; se ramifica en el tórax; aparece en el vientre un vacío que crece, un nudo que se ensancha en palpitaciones de humo. Llega ahí, al huesito donde un día indicaste su inicio preciso. Recorre los muslos hacia el piso y en su cenit, más allá de la campana, llega al mar donde se desborda toda esa ternura estéril. Estéril, ésa la palabra. Amor que fecunda soledad, distancia, anhelos y ansiedades. El más doloroso de los amores, que parece darlo todo pero en realidad desconoce. Ávido siempre, no deja de buscar, de inconformarse, no encuentra su centro. Insatisfecho por naturaleza, no habrá mujer, idea, placer, experiencia vital, vida, que sacie su avidez infinita. Y tampoco habrá mujer, idea, placer, experiencia vital, vida satisfecha. Es el reino de la ansiedad perpetua, del no lugar. Ahí donde el dolor se instala a sus anchas.


Salir de ese perímetro difuso, pantanoso. Alejarme de sus ondas hipnotizantes. Ver lo evidente, lo intuido, lo que se difumina con los mismos ojos que te miro. Si tan sólo ése fuera mi destino hoy, dejaría de ser parte de ese universo punzante. Y quizá, sólo quizá, sería un poco más feliz.



martes, 4 de octubre de 2011

rosas










Las rosas, de cerca, aromáticas, delicadas; su textura, el laberinto infinito al que nos llaman. De no ser por la certeza de las flores, su belleza ignorante de lo humano, de no ser por sus aromas y coloridos, ¿qué nos quedaría?











sábado, 1 de octubre de 2011

etéreo



Cuando te das cuenta, estás inmersa en una situación loca. Ves algo y te remite a un recuerdo y a pensar en frases como: "yo también amé ese rincón, o esa planta, o ese gato, o esa puerta", o a esa persona... O quizá sea mejor conjugar  en presente. Pero no, nunca te atreviste. La vida es demasiado intensa como para jugar al amor, como para no jugar. Sólo tú lo sabes cuando al cerrar los ojos logras ver líneas de colores iridiscentes, caprichos en rojo, flores, y más flores que se mueven y transforman. Un caleidoscopio sin ángulos rectos, suave, asimétrico, curvilíneo, redondo. Una bola de cristal que lee tu presente, el instante del presente que muere justo ahí, al pensarlo o cuando pretendiste leerlo. No importa, lo único que podría preocuparte, te dices, sería no saber. Descubrir algo que no supieras de ti, de esas ganas de abrazarlo todo sin dejar ni una rama fuera, de tener agua en las manos y pretender que no se escurra. La vida, recuerdas, y el amor, están en otra parte. Sí, en el agua; sí, en la mano; incluso en el deseo de contenerla, irracional, incontenible, como el agua misma. Lo único que alivia es saberlo, más aún, decírtelo sin censura. Entonces caminas ligera, casi etérea. Como el amor. 









miércoles, 28 de septiembre de 2011

El día de las flores







Ese día llenó su casa de flores. Fue una casualidad que así fuera. Que estando ahí, en medio de todo ese esplendor, eligiera algunas, para ellas, para él. 


Fue así. Con la intensidad de los rojos y los vinos, la templanza de los amarillos, la serenidad de las flores blancas y el verde, tan planetario, tan humano. 


Tan humano como la esperanza y la intriga; la confianza y la sospecha; la sinceridad, el ocultamiento; la generosidad y la avaricia. Humanos. 


Tan humano como el miedo. A decir quiénes somos y lo que queremos. El miedo a toda costa, a nosotros, débiles y fuertes. El miedo a costa de quien sea y de lo que sea. 


Así fue el día, tranquilo y tempestuoso. Tempestuoso. Un día más. Un día menos. Un día de finales. Para no olvidar. Para dejar atrás.











martes, 6 de septiembre de 2011

espinas





Nos unen las espinas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Hay días...





Salir de la ciudad, aunque sea poco, unas horas, a cualquier lugar cercano, verde, diferente. Ya con eso se descansa, cambia todo, la luz, la sonrisa, la mirada, la esperanza, la energía.


Son como píldoras de vacaciones que hacen tanta falta así, cualquier día. Más aún en medio del caos y del horror que vivimos ahora. Salir así, sin plan, sin exigencias, sin miedo. Con ganas de verde, de vida, de movimiento, de sonreír.


Gracias por un día perfecto.


jueves, 25 de agosto de 2011

todavía






Quería pensamientos alegres, textos divertidos, pero la vida no siempre deja las sonrisas por delante. En las últimas horas, menos. La realidad se desborda y nos alcanza, ya nos alcanzó. 


A veces, uno tiene conversaciones que nunca debió tener. Escucha palabras, situaciones absolutamente absurdas, enojosas a tope, intolerables. Uno oye la voz del otro lado, entiende, y no puede pensar más que eso no debería estar ocurriendo, ese momento, lo que implica. El deseo es que ese momento no sea real.


Después viene la reflexión, el llanto, la rabia, la impotencia. 


Las epidemias no perdonan. Llegan, se instalan y se llevan a quienes más queremos. Se los llevan o los dejan mutilados.


Amenazantes, están ahí, invadiéndolo todo. Los sobrevivientes del día escuchamos azorados, atemorizados, inconformes, enfurecidos de un mundo que se vuelve incomprensible. O quizá siempre fue así, pero cuando duele de cerca, cuando uno se siente tocado, todo parece derrumbarse, el dolor cotidiano alcanza picos, toca fondo. 


Y aún así, uno se levanta, ve la luz del día, siente alegría, el cielo puede verse azul, las voces son cálidas. La vida sigue. Y luchar para continuar en ella lo vale. Todavía. Siempre.




para Sonia, con todo amor.







miércoles, 27 de julio de 2011

En otra parte



Los días habían dejado de pertenecerle, lo mismo que los fines de semana. Las noches eran ya inexistentes. El tiempo se había diluido, y la voz. Su casa se cerró, pero no había imaginado que para siempre. Y es que el discurso, casi secreto, decía todo lo contrario, lo opuesto. Tanta contradicción le resultaba  incomprensible. Pero todo indicaba que el semáforo se había puesto en rojo, un rojo parpadeante y encendido.

No quería ver lo evidente, hasta que la imagen entró, en sueños. A media noche despertó presa de una agitación incontrolable, que tardó horas en esfumarse. Sólo entonces pudo formularlo: 

-¿El amor? Está en otra parte.


lunes, 11 de julio de 2011

Ventanas



Es tarde. La lluvia se ha ido. Después de varios pasos, sientes el olor que deja el agua en la ciudad, el aire fresco en la cara. Los colores brillan. Te descubres mirando el piso y, de repente, ves lo que dejó la lluvia.


Abajo está el cielo, las copas de los árboles, las formas de las ramas y las tonalidades de las nubes. Todo se esconde en esos espacios, a veces minúsculos, delimitados y brillantes que pertenecen al piso. Cada espejo, efímero, te descubre el infinito.


Sonríes. Hay mucho más en que pensar que la tristeza. Mucho.

domingo, 3 de julio de 2011

Espejos





Un error muy común en el ajedrez es estar tan concentrado en la jugada propia que se pierde de vista la táctica del otro. Y el otro error es justamente el contrario: estar tan atento a los movimientos del otro que se olvidan las jugadas propias y toda la atención se vuelca en la defensa.


A veces (y de eso se trata el juego) se logra ver la ofensiva sin perder de vista la defensiva, pero aún no me queda claro si ocurre por una suerte de concentración (esperada o extrema en algunos casos)o porque el contrincante se ha distraído, tanto (en su propio juego, en cualquier cosa o en todas juntas), que cualquier movimiento es útil para ganar. Incluso brilla, aunque no sea en sí mismo brillante. 


El amor no es un juego de ajedrez, ni quienes integran las parejas son contrincantes, idealmente. Pero esas incapacidades de ver y sentir, a uno mismo y al otro, se repiten una y otra vez. En lugar de ver al otro, estamos frente a un espejo, escudriñando la imagen  propia y sin ver gran cosa. Y lo que es peor, el aprendizaje en este juego es imposible o implica desistir del juego mismo (cuando eso es posible).  


¿Es el amor un juego de espejos infinitos e ininteligibles? 






Nota: La foto es de Jorge Salgado.





viernes, 1 de julio de 2011

Corazones




A la vista, corazones. Los veo cada mañana, cada noche, de tarde. Sobre todo, de lejos. La coraza, como de armadillo, es más débil de lo que parece, aunque sí protege, de los anhelos que se desatan  sin pedir permiso, como las aguas que vuelven a cauces que parecían olvidados. Son las costumbres casi autónomas de los corazones.


jueves, 16 de junio de 2011

De pasaportes denegados

Fui a la Secretaría de Relaciones Exteriores por mi pasaporte y no me lo dieron. Que iban a verificar que yo fuera yo, que mi identidad correspondiera con el pasaporte de 1996, también dijeron. 

Mis hipótesis son tres: 1) son tontos, 2) son ineptos, 3) les gusta inventarse trabajo y excusas de casos sin problema para las estadísticas de seguridad, y como se aproxima el informe... Algo así como: realizamos 5 mil verificaciones de casos dudosos, de los cuales sólo uno fue realmente dudoso, o dirán 7 que de seguro incluye a dos que nunca volvieron y uno que falleció en la sala de espera por desesperación o alguien que no tenía fe de bautismo en un país donde eso sigue siendo un documento oficial y hasta con más valor que, digamos, un acta de nacimiento.

Las tres podrían explicar lo sucedido y no fui la única. Había una chica en una situación más desesperada: hace diez años no se pintaba el pelo entonces de seguro se peinaba diferente, también. Su vuelo era para el día siguiente (mañana) y los "tres a cinco días hábiles de verificación en el archivo" la iban a costar más de 150 dólares y un viaje. ¿Estarán los archivos en lo más profundo de las Grutas de Cacahuamilpa? me preguntaba yo. 

Pero quizá lo peor no fue eso. Para mí. Sino el hecho de que hubiera tenido todo en orden y a tiempo, sacándole horas preciosas a mi vida que últimamente tiene la agenda llena con horarios de jornadas triples y cuátruples. Como tantos que andamos capoteando así la crisis. 

Lo peor en realidad fue eso. Todo estaba en orden, todas las fotocopias, las formas llenas con letra de molde, clara y con información precisa; la pluma de tinta negra; todo. Y llegar ante ese funcionario que me hizo preguntas que no me parecían pertinentes.  

- Ha cambiado mucho, se ve diferente. ¿Su cabello chino es natural?, preguntó.
- Diez años no pasan en balde, le dije. (Pensé que eso era una buena broma) - ¿O será porque me había peinado en la foto del pasaporte anterior? (Desde la escuela primaria me molestan por mi pelo, pensé, y me contuve para no decirle que me había hecho permanente).
- ¿De qué origen es su apellido?, me dijo mientras tomaba mis huellas digitales.
- Judío.
- ¿Habla hebreo?
- No. (Con ganas de decirle, mis huellas no han cambiado tanto. Se ven igual).
- ¿Qué idiomas habla? Porque en la ONU se habla inglés, francés, español, árabe y ¿sabe cuál otro?
- Chino.
Y me corrigió de inmediato: -No, es mandarín. 
- Ah, sí. Tiene usted razón.
- ¿Va a viajar pronto?
(¿De verdad tiene que hacer todas estas preguntas este señor? pensé, mientras lo veía sobar y escudriñar mi credencial de elector con las uñas sin cortar. No es su asunto, me dije).
- Probablemente, respondí.
- ¿Tiene más credenciales del IFE?
- ¿Debería tener más?
- Pase a la siguiente sala. A la foto.

Fui a la foto. Salí tan mal, que lo único que pensé es que no me iban a dejar entrar ni a la oficina. Pero me dio risa. Después, pasé una hora más leyendo en la sala de espera donde un par de niños se aburrían lo indecible. Yo luchaba contra el sueño, leía, pensaba en pendientes y me alegraba la idea de que saldría con el trámite resuelto.

Pero no. Me tocó el foco rojo, nomás que ni siquiera estaba la opción de apretar el botoncito y sentir que una concentración profunda en la buena suerte necesaria marcará el destino inmediato. Así que enfurruñada, de regreso pensaba a qué hora y qué día iba a poder escaparme del trabajo y perder quién sabe cuántas horas más, para recoger el pasaporte. Eso si su incursión en el archivo ratifica que sigo siendo yo desde 1996, que las arrugas en mis huellas digitales no alteran nada, que siempre he tenido el pelo rizado, aunque eso no lo pregunten en la parte correspondiente a señas particulares y aunque los lunares que luego se me olvidan estén ahí en la foto.

Pero más enojada estaba por el destino tan absolutamente estúpido que tienen nuestros impuestos. Por esa sensación de impotencia y por haber alimentado, una vez más, la fobia a los trámites burocráticos.

Uno entiende, más aún, invoca de inmediato el anarquismo cuando se enfrenta a los corredores grises, con rostros grises y luces grises de las burocracias.

Ya de regreso, radio prendida, escuché la voz de Carlos Elizondo: "Éste es un país atorado", explicaba en una entrevista. Y pienso que sí, que en gran medida tiene razón. Y lo peor es sentir que no hay modo de desatorarse, y cuando uno cree que puede hacer algo sin complicarse la vida, teniendo todo en regla, se topa con la realidad de este país no atorado, atoradísimo: donde persiguen a quienes no hay que perseguir, molestan a quienes no hay que molestar, les cobran impuestos y exigen todo a quienes menos aportan en términos proporcionales de ingresos, y lo peor, claro está, porque siempre hay algo peor, matan a los que no tienen que matar (a nadie tendría que matar el Estado, para empezar) en una guerra que ni guerra es y que no tendría que estarse librando en ningún lugar, pero menos en las ciudades pequeñas, al lado de las escuelas. 

Así las cosas, me da por pensar que vivimos en el país que no tendría que haber sido, en un equívoco.

viernes, 27 de mayo de 2011

Postear

Del mismo verbo que data de tan poco tiempo.
Todo parece indicar que Diana G ya no quiere postear mucho. 
Pero igual lo piensa, muy seguido, y sus entradas están llenas de borradores que se quedan ahí. Cuando los relee, es como eso que decía un amigo querido, como escuchar la propia voz grabada. Algo casi  insufrible. Pero igual posteo esto, del verbo postear. Y quizá en este futuro nuevo que empieza en junio, y en este presente que se confunde un poco, casi barroco y tan silente, podrá soltar un poco, soltarse un poco. Y poner por escrito eso que imagina y que anda imaginando todo el tiempo. Libertad ganada. Cambios radicales que sólo ella nota. No es la misma que hace unos meses. Cayó un veinte. El veinte. Y cayó varios meses después, años después pero cayó y encontró donde caer porque el terreno estaba arado. Y el único ciclo era, para ese semillero, el propio. 
De todos modos, siempre está todo ahí para resolver y para vivir, para seguir viviendo, de preferencia, intensamente. 





domingo, 3 de abril de 2011

Tapachula, casi



Digo casi, porque pienso en todas las imágenes que no tomé y están, algunas, en mi mente. Y porque imposible es captarlo todo. Pero veo, en la memoria, lo que no está: mujeres guatemaltecas caminando por las calles de Tapachula, el Jardín Central y sus personajes variados, jóvenes, vendedores, vagos, algunos exóticos, otros enfermos, mujeres, de día, de noche; o los hombres de negocios, finqueros y agricultores. Tampoco está el Parque del Bicentenario tan criticado por cómo luce y por haber sido vetado a quienes se han adueñado del otro parque. Ni el mercado con sus corredores temáticos: de queso crema, de verduras, de pan; los famosos centros botaneros, o los burdeles, y menos ese ambiente de frontera cosmopolita encerrado en una ciudad que sigue pareciendo un pueblo.


Están ausentes el puente y el río de la frontera, la playa, el puerto. 


Lo que sí está, apenas, es la ciudad pequeña, parecida a las demás salvo por su cosmopolitismo fronterizo, casi camuflajeado. La arquitectura art dèco a punto de ser derrumbada por completo y verse reemplazada por construcciones con aluminio dorado. El Gramlich, que es el mejor café, si no el único, donde el espresso es perfecto. El Sanbornscito local, con rostro de fonda. La iglesia donde la mitad de la grey oye misa sentada de lado; el hombre de los licuados de coco; el carnaval y su reina; el fabuloso hotel Condon Inn o Chipilinn (con dos nombres por si uno no era suficientemente explícito...); el restaurante Confucio, uno de los tantos chinos donde además de un piso colorido ofrece dim sum en la carta; la auténtica Universidad Maya, que reluce por la ausencia de los mayas. Y eso sí, un colorido que resplandece con la intensísima luz que acompaña el extremo calor de esta ciudad que ocupa un rinconcito del sur del país, y a la que uno no iría por casi ninguna otra razón que ser uno de los puntos de entrada más importantes a México. 







sábado, 19 de marzo de 2011

Jacarandas



Lo ves ahí, de espaldas, ante la pantalla brillante. O en la sala colorida, de pájaros y flores. Camina hacia alguna de las puertas del pasillo, o su presencia se adivina por el murmullo de la cocina, de la puerta, de la habitación.


Ayer, la luz quedó excluida de las mañanas tumultuosas. Antier, jugaron a no dormir para después sumergirse en el sueño más profundo. Y el mar, siempre está ese mar a punto de caer desde lo alto; la mirada oscura de las nubes rojas, y las ramas que miran al infinito azul. Imágenes.


Un día huele a incienso, otro a naranja o a lavanda, y siempre está el jugueteo y el maullido de una gata gris que responde más que a nombres, a entonaciones.


En medio de todo, y de nada, y de la temporada de las jacarandas, imposible saber adónde los llevará tanto consuelo y denegación. Tanto estar sin estar. Porque lo saben bien, conocen la naturaleza finita de los encuentros. Mientras están ahí, nada puede contra ellos. Ni alejarse, ni pensar, ni querer ni no querer. Seres de la circunstancia, pasean sobre alfombras de jacarandas.





miércoles, 9 de marzo de 2011

De los días



Espuma suave por la mañana, labios con sabor a piña; de amargo café la luz blanca de la ventana, de tus ojos el abrazo.

Amanecer así.

Agradeces y desciendes rápida las escaleras, entre gatos y plantas, y mosaicos desgastados. Afuera huele a mojado. En la calle, la vida  es veloz y ruidosa. Violenta. 

Callas para que permanezca intacto ese momento, ya del pasado. Tan parecido a lo que pensaste era la felicidad. Intermitente y fugaz. Callar. Un ritual más, supersticioso como todos. 

Cada tanto, la felicidad se viste de amaneceres. En medio del caos, de la ciudad y de lo imposible. Evitas a toda costa la anestesia de lo cotidiano. Aún así, sabes de su caducidad. Es frágil, como la espuma de las mañanas.

Recuerdas a Boris Vian, La espuma de los días. Piensas en nenúfares que flotan sobre el brillo del agua. Lentamente pronuncias: ne-nú-fa-res. Por encima de todo, el placer de las palabras.





domingo, 6 de marzo de 2011

Difusa




Lágrimas sobre una tierra resquebrajada. O luces tenues de miradas extraviadas. O sólo lámparas, y su reflejo. Los tiempos exigen, parece, levedad, tibieza, desapego. Sentir de otra manera se ha vuelto por completo inconsecuente. La intensidad  no encuentra cabida en el fluir ligero. Igual que el agua que llega al mar sin dejar la huella refrescante de la vida, verde esmeralda. Tumultuosa, gris, se integra a la sal. 


La permanencia ahuyenta, como cualquier otra idea tornasolada.


Ahora, el margen ha devorado sus pasos, la periferia es luz difusa. Ella constata cómo se integra, con lentitud, inexorable, a la soledad de las salidas. Duele.






lunes, 14 de febrero de 2011

mirada amarilla


Quizá ella encuentre rastros de su presencia en esa casa. Un dibujo infantil que refleja el carácter de su apego. Algún objeto sin rostro, sin texto. Acaso su nombre esté por ahí, muy escondido en algún libro, en un folleto. Quizá su aroma emane de algún recuerdo súbito, aunque se ha vuelto invisible, borrosa, ligera, transparente. Son esos los adjetivos que la acometen cuando lo visita. Como un fantasma, en vida. Un nombre sin cuerpo, un cuerpo invisible, anónimo. El arte de no estar, de no ser. 

§


Al llegar, saludas a los habitantes visibles e invisibles de su departamento soleado. El rojo de una pared provoca tu sonrisa, igual que las plantas del balcón y las fotografías que pueblan tus ojos entrecerrados. Huele a incienso, a cítricos, al abrazo inconfundible. Caminas. Una gata gris viene a tu encuentro, se enreda entre tus piernas, te lanza su mirada amarilla. En intermitencias alegres habitas ese espacio. Pero no eres feliz. 

En otro registro, el de las vidas paralelas y virtuales, las imágenes del fotógrafo no te corresponden. Lo sabes, y sobreviene la congoja del azul intenso, el sol en su esplendor, campos, cielos, paredes, empedrados, paisajes que se suceden. Nada de eso te concierne, pero tú quisieras. 

Y no, la historia no trata de secretos ni de engaños. Pero aún así, sufres; quizá por ese trazo levemente echado hacia atrás, redondo, poco grave de tu escritura, por ese gesto inusitado de obsequiar dibujos, de evocar momentos, de sentir que se te desborda el corazón en un abrazo y que la ternura se presenta sin haber sido invocada, igualmente desbordada, en un fuera de lugar que no detiene el juego. 



Ramona





lunes, 7 de febrero de 2011

De lo posible y lo imposible




Un buen día todo se puede. Todo. Las horas pierden su sentido ordenador del tiempo y se transmutan en espacios flexibles del deseo, en escenarios donde fluye la intensidad de las miradas. Las distancias se acortan, las diferencias (esas que duelen) huyen en busca de otros recovecos. Se instala el reino de las sonrisas en el país de las maravillas. 


Otro buen día, ese vigor sigue su camino y se diluye otra vez en el yugo del tiempo, en un alud de paisajes y ocupaciones, o de  cansancios renovados. Lo imprescindible deja de serlo: tocar una mano, besar una mejilla, responder a una sonrisa, escuchar una voz, abrazarse, verse como si no hubiera algo más que hacer. Todo eso se mezcla, indistinto, en el torrente de vida y, en el mejor de los casos, se convierte en un feliz recuerdo, o en algo diferente. Hasta un nuevo comienzo. Quizá.


Los budistas dirían que es un proceso; la manera casi técnica de describir la vida y sus cauces. Pero duele. Y es imposible prever las fechas de caducidad. Aparecen entonces esas ganas, locas, de que el conocimiento elimine el dolor. De poder conjurarlo con alguna palabra y seguir sonriendo, siempre


Porque el amor es inhabitable.






PD. La foto es de Jorge Salgado.