miércoles 28 de septiembre de 2011

El día de las flores







Ese día llenó su casa de flores. Fue una casualidad que así fuera. Que estando ahí, en medio de todo ese esplendor, eligiera algunas, para ellas, para él. 


Fue así. Con la intensidad de los rojos y los vinos, la templanza de los amarillos, la serenidad de las flores blancas y el verde, tan planetario, tan humano. 


Tan humano como la esperanza y la intriga; la confianza y la sospecha; la sinceridad, el ocultamiento; la generosidad y la avaricia. Humanos. 


Tan humano como el miedo. A decir quiénes somos y lo que queremos. El miedo a toda costa, a nosotros, débiles y fuertes. El miedo a costa de quien sea y de lo que sea. 


Así fue el día, tranquilo y tempestuoso. Tempestuoso. Un día más. Un día menos. Un día de finales. Para no olvidar. Para dejar atrás.