sábado 1 de octubre de 2011
etéreo
Cuando te das cuenta, estás inmersa en una situación loca. Ves algo y te remite a un recuerdo y a pensar en frases como: "yo también amé ese rincón, o esa planta, o ese gato, o esa puerta", o a esa persona... O quizá sea mejor conjugar en presente. Pero no, nunca te atreviste. La vida es demasiado intensa como para jugar al amor, como para no jugar. Sólo tú lo sabes cuando al cerrar los ojos logras ver líneas de colores iridiscentes, caprichos en rojo, flores, y más flores que se mueven y transforman. Un caleidoscopio sin ángulos rectos, suave, asimétrico, curvilíneo, redondo. Una bola de cristal que lee tu presente, el instante del presente que muere justo ahí, al pensarlo o cuando pretendiste leerlo. No importa, lo único que podría preocuparte, te dices, sería no saber. Descubrir algo que no supieras de ti, de esas ganas de abrazarlo todo sin dejar ni una rama fuera, de tener agua en las manos y pretender que no se escurra. La vida, recuerdas, y el amor, están en otra parte. Sí, en el agua; sí, en la mano; incluso en el deseo de contenerla, irracional, incontenible, como el agua misma. Lo único que alivia es saberlo, más aún, decírtelo sin censura. Entonces caminas ligera, casi etérea. Como el amor.
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