sábado 12 de noviembre de 2011

Se parece



Siempre es rico compartir amaneceres. Volver a lugares visitados tantas veces. Muros rojos, tenangos coloridos, imágenes que se habían fijado en recónditos lugares de la memoria y se recuperan con sus colores y sus formas.


Muy adentro de las capas de tiempo, de vidas, de dolores y desencuentros, y luego de las otras capas, de encuentros y sonrisas, y todo eso que une, como el tacto sutil con que me miras y, a pesar de tantas rondas por la vida y sus espacios, hay una semilla dura, como una piedra brillante. Sigue ahí, sin desvanecerse. Indiferente a la cercanía o a la distancia, inmune a los intentos por disolverla, propios, ajenos. Incluso ajena a la presencia o a la ausencia. Se parece tanto, dirían ahora. Y sí. Se parece. Al amor.