jueves, 29 de diciembre de 2011

Mar

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domingo, 25 de diciembre de 2011

ciclos



Se termina 2012. Una convención que nos indica, si acaso, una pausa para pensar, para desear, para reforzar y quizá también para cejar en aquello que no se logra, que duele y sigue doliendo. Es sí, una convención, porque el tiempo es continuo. Apenas intentamos medirlo un poquitín, regularlo, contarlo si acaso. Apenas pretendemos normar nuestras vidas que ineludiblemente se dirigen al mismo fin de ciclo, siempre propio. Y con esas premisas, cada año se valen algunos replanteamientos y deseos. Valgan en este 2012 y que sea un año feliz y florido, floreciente. 











sábado, 17 de diciembre de 2011

gatos




Sí, lo que más quisiera, apenas algunas imágenes logran captar un atisbo. Un gato, muchos y ninguno. Una planta. Un rellano. Y lo que hay al subir las escaleras, al bajarlas. Mucho, y nada. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

placer y malestar



Alimentar este blog ha sido un placer (dispar como lo refleja el número variado de las entradas) y espero que lo siga siendo. Tan libre como esa libertad que nos permitimos, alejada ciertamente del ideal al que tanto tememos los humanos. No en vano Michel Onfray ha buscado su espacio libertario y libertino, donde expone su diatriba contra el matrimonio. Más que una diatriba, una genealogía sustentada para expresar todo eso que le infunde el contrato entre dos seres que dicen amarse y, por lo mismo, deciden someter ese amor a la regulación del Estado. Como si fuera éste un ente prestigioso o como si ello garantizara algo más allá de la aburrida vida cotidiana, de sus acompañantes irremediables (que cita Onfray en su texto, incluido, desde luego el adulterio pero también la violencia), de esa mañosa y compleja relación de exigencias, pretextos y reclamos que se denomina pareja amorosa. Y peor aún, que cuenta con toda la legitimidad del Estado, de la sociedad, de las religiones, de la gente, de la época. Una legitimidad que se aprende a lo largo de toda la vida y por la cual sufrimos irremediablemente.


Claro que para que Onfray existiera, algo tenía que estar ocurriendo, sin pretender establecer un determinismo de ningún tipo, más bien notar que su pensamiento encuentra referentes en la realidad, y son incuestionables. Las estadísticas mienten, por insuficientes. O porque lo que reflejan no tiene nombre, a pesar de mostrar tendencias claras. En este caso, un malestar que parece inevitable. El malestar en la pareja.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La FIL 2011



La FIL de Guadalajara 2011 tuvo para mí varias gratas sorpresas. La primera, haber ido ahí por primera vez por motivos de trabajo. Había organizado stands a la distancia, había ido a dar una vuelta en una ocasión, pero ir enviada por una editorial fue placentero. 


Contenta emprendí la ronda de los pasillos. Abrí los libros como quien abre un objeto que interesa no sólo por su contenido, sino por su manufactura, mucho más que antes. 


Encontré esas publicaciones que desde lejos se ven de otra calidad, por su impresión, por su diseño, por su presencia en el anaquel. Después, me encontré a gente querida, de años y de tiempos recientes. Andrea, que orgullosa presentaría su nuevo libro sobre el Piporro; Gloria, conocida de tantos años que mejor ni digo; María Calderón, que me confirmó mis sospechas de lo bueno, además de hacerme notar otras que no había visto y de ponerles nombre y apellido a esas editoriales. Por supuesto que ver a mis queridísimos amigos tapatíos siempre me da gusto, mucho. Y también me hubiera gustado ver a otros queridos amigos que no pude llamar entre el ajetreo y las prisas. 

Después, estuvieron también las conferencias. A lo que iba, de hecho. El libro digital y esa carrera loca y desbocada por un mercado que se regula en el camino, que despierta dudas y fervores, abre horizontes y cierra otros, como toda nueva tendencia. Un misterio, un camino andado, miles de preguntas y espacios para entrar y para salir por la puerta grande. 


En medio de todo, personajes. Sicilia caminando por ahí, lo vi desde el aeropuerto, casualmente, con esa simpatía que lo caracteriza. BEF, Ortuño, y tantos otros que seguramente no vi por desconocerlos; otros con cara de autor, aunque probablemente no lo sean; libreros, editores, prensa, relaciones públicas y de todo por ahí. Incluidos los escritores del "star system": larguísimas filas para que algunos dedicaran mecánicamente, con frases hechas y practicadas cientos de veces, ejemplares impresos. Ahí estaba Almudena Grandes, Herta Müller, Jodorowsky, que goza de una especie de tercer, quizá cuarto aire (aun lo recuerdo de la mano de Diana Mariscal cuando yo era niña...) y varios más. Y por supuesto, también había ausencias dolientes... como Daniel Sada.


Placenterísimo también fue encontrar algunos libros: Sobreperdonar, de mi querido Armando González Torres; el de Carla Faesler, Catábasis exvoto; El paraíso de las moscas, de Mariana Osorio.... y más. 


Lo que para mí le dio consistencia a mi disfrute fue sin duda la conferencia de André Schiffrin. Su discurso desde el inicio levantó admiración y produjo silencio en la sala. Entre pasillos de grandes editoriales que han comprado y puesto sello propio a tantas otras pequeñas editoriales, y que apilan en sus entradas volúmenes y volúmenes del último, de los últimos best sellers locales y mundiales, su voz resultaba refrescante. El discurso en realidad no es nuevo, pero para mí sí fue nuevo oír y enterarme de que también en este mundo se cuecen habas, se alimentan monopolios, se establecen hábitos y se producen páginas que más tienen que ver con el mercado que con la cultura. O quizá, para decirlo mejor, tienen todo que ver con la cultura que hoy nos rige. Triste su conclusión: ¿es el mercado el que regirá ahora la vida intelectual del mundo? y yo agregaría ¿Es el ciudadano global un lector de Coehlo? Qué ganas de huir de un mundo así. Pero mejor que huir, qué ganas de construirse un mundo distinto, propio, donde podamos elegir de entre tanto: libros, alimentos, vestido, música, cine, políticos, personas... Y una respuesta aparece, por lo menos en cuanto a lecturas y, por supuesto, ideas, se refiere: Michel Onfray, con su Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar, una refutación filosófica de la monogomia, entre otras cosas. ¿Habrá llegado el tiempo de reconstruir? 


En medio de algunas reflexiones, me pregunté también si no parte de lo que ocurría es que estamos en un tiempo de aprender y entender cabalmente el alcance de las nuevas tecnologías. En efecto, los ciudadanos de la Revolución tecnológica tratamos de no perder el paso de los avances y adelantos, de aprender a usarlos y tratar de sacarles provecho, y de comprender su alcance. Eso, sin duda, obstaculiza otras actividades, no a todos, pero sí a muchos. Serán otros quienes vean, lean, escuchen y produzcan los nuevos frutos de la cultura del mundo tecnologizado. Ellos aprenderán a escribir sobre las teclas, a pensar en la pantalla y en tercera, cuarta, quinta dimensión. Ellos se referirán a nosotros como quienes cabalgamos entre un mundo y otro. Sólo espero que no lean a ese Coehlo, porque de nada serviría. 


André Schiffrin durante su intervención en la FIL Guadalajara 2011.