domingo 4 de diciembre de 2011

placer y malestar



Alimentar este blog ha sido un placer (dispar como lo refleja el número variado de las entradas) y espero que lo siga siendo. Tan libre como esa libertad que nos permitimos, alejada ciertamente del ideal al que tanto tememos los humanos. No en vano Michel Onfray ha buscado su espacio libertario y libertino, donde expone su diatriba contra el matrimonio. Más que una diatriba, una genealogía sustentada para expresar todo eso que le infunde el contrato entre dos seres que dicen amarse y, por lo mismo, deciden someter ese amor a la regulación del Estado. Como si fuera éste un ente prestigioso o como si ello garantizara algo más allá de la aburrida vida cotidiana, de sus acompañantes irremediables (que cita Onfray en su texto, incluido, desde luego el adulterio pero también la violencia), de esa mañosa y compleja relación de exigencias, pretextos y reclamos que se denomina pareja amorosa. Y peor aún, que cuenta con toda la legitimidad del Estado, de la sociedad, de las religiones, de la gente, de la época. Una legitimidad que se aprende a lo largo de toda la vida y por la cual sufrimos irremediablemente.


Claro que para que Onfray existiera, algo tenía que estar ocurriendo, sin pretender establecer un determinismo de ningún tipo, más bien notar que su pensamiento encuentra referentes en la realidad, y son incuestionables. Las estadísticas mienten, por insuficientes. O porque lo que reflejan no tiene nombre, a pesar de mostrar tendencias claras. En este caso, un malestar que parece inevitable. El malestar en la pareja.