lunes 30 de enero de 2012
Fugas
El pasado confluía en sus días presentes de una extraña manera. Ella, ellos, los de entonces, no eran los mismos y parafrasear al poeta era una manera, la mejor que encontró, de explicarlo. El río nunca es el mismo pero tampoco habían estado sólo mirándolo desde la orilla. Lo habían navegado, río arriba, río abajo. Se habían mojado en sus aguas varias veces, lo habían incluso abandonado para irse a alguna lejana montaña o al desierto. Algunos volvían a encontrarse por ese destino que ahora creamos y recreamos con las redes sociales. Ya ni siquiera es válida aquella pregunta que alude a los hubieras, contrafáctica. Sin tecnología ¿nos habríamos encontrado? Seguramente no, seguramente sí. En realidad no importa. La historia se ha escrito ya, se escribe cada día y se olvida también cada día.
Esa noche caminaron abrazados por la calle como si tantos años no hubieran transcurrido. Se miraron como siempre se habían mirado, sólo que veían un rostro distinto, el rastro de ese antiguo rostro, de esas sensaciones del pasado. No importa. Se miraron, hablaron, se reconocieron, evocaron, rieron. Mucho pasó, incluso esas fugas del futuro que siempre están presentes. Las fugas de la vida que no se autocontiene, ni siquiera en el nunca que podría enunciarse en cada paso.
No importa, en realidad. Se sigue tratando de lo mismo, de seguir construyendo, aunque no sepamos qué, ni cómo, ni hacia donde, ni con quién ni por qué. Algo está claro y es que la felicidad sí es todavía la opción. La felicidad sin calificativos, sin cortapisas y sin condiciones, sin rostros claros, así nada más, sencilla, lo más sencilla posible.
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