domingo, 12 de agosto de 2012

Llueve


Desde junio que este espacio fue abandonado. Ahora lo veo, después del tiempo. Algunos comentarios recibidos, cuestionamientos ¿por qué escribir sobre otros, me decían, anotar vivencias? Con grandes esfuerzos logro anotar algunos pensamientos, algunas ideas, algunas historias propias o apropiadas. 

Apenas como para sentir que lo sigo haciendo aunque sea a cuenta gotas. Son esfuerzos de convencimiento, de defensa de espacios propios, de quehaceres propios también. Quizá no vuelva a hablar de eso que a algunos lastima, aunque no entiendo. Cada palabra, como cada acto, es siempre personal. Tiene que ver conmigo misma, en mi caso, y nada mejor que partir de ese principio con plena conciencia de ello. Aunque hable de otros, aunque no diga nada o lo diga todo.

Nadie es dueño de nadie en este mundo. Los seres humanos no podemos apropiarnos de otros seres humanos, ni ser apropiados por ellos. No somos objetos apropiables, ni siquiera en los casos de esclavitud. La libertad, junto con la vida o después de ella, sigue siendo uno de los valores y circunstancias más preciadas.

Si uno hace algo, es por uno. Si ese algo lastima a otro, ese otro tendría que pensar que fue inevitable y no premeditado o dirigido, y colocarse en el centro como si todo girara alrededor de sí. A veces la vanidad media y opaca la claridad con la que ocurren los hechos y sus razones. Hay decisiones inevitables, sensaciones inevitables. Como el placer que siento cada mañana cuando mis ojos se llenan de la luz del día, aunque parezca que no hay razones para alegrarse. Aunque la tristeza ande rondando con su manto gris y, coincidentemente, llueva todo el día y haga frío. 

En fin que eso. Nada y todo. O nada o todo. Sin mensajes dirigidos. Hoy siento una tranquilidad liberadora. Creo que la soledad me sienta, bien.

1 comentario:

Javier dijo...

La soledad acarrea algunas dificultades pero aporta una paz y una calma que son difíciles de conseguir.