miércoles, 6 de noviembre de 2013

pasan

Me había olvidado (casi) de este espacio apenas visitado, apenas real o irreal. Hubo alguien que hasta me puso como primer lugar en su lista de vínculos. Hubo también quien me visitaba con regularidad, movido no sé por qué curiosidad o interés inescrutable. Qué asombro me sigue causando eso. Y cuando llegaba a pensar en las letras escritas, palabras, ocasiones, me preguntaba cómo había sido que quisiera hacer público lo impublicable. No hay marcha atrás y ese deseo aquí vuelve a presentarse, tan inexplicable como cualquier acto humano que linda con la voluntad. Tampoco es que avance. Lo dicho está y lo no dicho es lo más presente ahora. Justo eso es lo que es conflicto y duele. Lo que no se dice por purititita cobardía, o vergüenza, o flojera, que es un disfraz más adolescente de lo mismo. El desamor constante, el amor engañoso, las situaciones incomprensibles de repudio a quien no se conoce, los miedos personales e inexplicables, lo indestructible. Todo eso no se dice porque habrá quien proteste, aquí, allá, en su propio espacio. Al final no pasa nada. Y pasa todo sin que nada pase. Pasa la vida con sus historias felices, tristes, vivas al fin. 

viernes, 15 de febrero de 2013

LaSMaYúscuLaSSSS



Era una hormiga muy salada,
que creía estar enamorada...
se enamoró de un elefante,
porque creía que era importante.
A la catonga, tonga, tonga,
a la catonga, tonga, tonga...

Últimamente esa canción viene a mi mente cuando trabajo. No todo el tiempo, no.  Me preocuparía mi estado mental. Sólo cuando presento textos diseñados, o incluso antes, en su versión en word, y me piden ponerle mayúscula a todo lo que no lleva. Y es que, ¿por qué esa obsesión creciente con las mayúsculas? ¿Será una mera imitación del inglés y sus reglas? ¿Será que los hispano hablantes se acomplejan de las reglas de su idioma? O quizá sea simple desconocimiento. Lo cierto es que cada vez más a todo le quieren poner mayúsculas y la razón que dan quienes piden la letra grande es que eso les parece que le da importancia a la palabra o al concepto.

Como si ser chef ejecutivo fuera más chef y más ejecutivo si tuviera mayúsculas. Como si don ganaran en dignidad con una D mayúscula o como si esas mayúsculas implicaran respeto, entusiasmo, énfasis, qué se yo. Lo peor es que estoy dejando de luchar. Casi ya ni me quejo, apenas trato de exponer razones. Cómo hacer si el "cliente siempre tiene la razón" y yo en esto no soy el cliente. Apenas lo soy de los textos que yo consumo, de preferencia, lo mejor escritos que se pueda... aunque luego uno tenga que desaprender lo aprendido, adaptarse a ese raro español que viene, que ya llegó.