viernes, 15 de febrero de 2013

LaSMaYúscuLaSSSS



Era una hormiga muy salada,
que creía estar enamorada...
se enamoró de un elefante,
porque creía que era importante.
A la catonga, tonga, tonga,
a la catonga, tonga, tonga...

Últimamente esa canción viene a mi mente cuando trabajo. No todo el tiempo, no.  Me preocuparía mi estado mental. Sólo cuando presento textos diseñados, o incluso antes, en su versión en word, y me piden ponerle mayúscula a todo lo que no lleva. Y es que, ¿por qué esa obsesión creciente con las mayúsculas? ¿Será una mera imitación del inglés y sus reglas? ¿Será que los hispano hablantes se acomplejan de las reglas de su idioma? O quizá sea simple desconocimiento. Lo cierto es que cada vez más a todo le quieren poner mayúsculas y la razón que dan quienes piden la letra grande es que eso les parece que le da importancia a la palabra o al concepto.

Como si ser chef ejecutivo fuera más chef y más ejecutivo si tuviera mayúsculas. Como si don ganaran en dignidad con una D mayúscula o como si esas mayúsculas implicaran respeto, entusiasmo, énfasis, qué se yo. Lo peor es que estoy dejando de luchar. Casi ya ni me quejo, apenas trato de exponer razones. Cómo hacer si el "cliente siempre tiene la razón" y yo en esto no soy el cliente. Apenas lo soy de los textos que yo consumo, de preferencia, lo mejor escritos que se pueda... aunque luego uno tenga que desaprender lo aprendido, adaptarse a ese raro español que viene, que ya llegó.



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